Vértigo

Vértigo

Vértigo es lo que se respira ante tanto todo y ante tanta nada. Vértigo ante la existencia misma: nacer, vivir, morir. Vértigo ante la intensidad, vértigo por contrastes.
Ese eterno instante donde se encuentran las antípodas de un oxímoron. ¿Tanta belleza que amenaza? ¿Tanto silencio que aturde? ¿Tan vacío que se condensa? El desierto te acoge y te expulsa: la belleza te empodera y te intimida; lo mucho y lo poco, lo grande y lo pequeño. El vértigo se agudiza ante la contemplación: la majestuosidad de las olas, el rumor del viento, las escultóricas formas de un incendio.

El territorio está gobernado por un ser inanimado; todo es Dios. No existe el tiempo: todo está ocurriendo y cada momento está detenido: sin aliento.

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HIMNO ENTRE RUINAS
-Octavio Paz

Coronado de sí el día extiende sus plumas
¡Alto grito amarillo,
caliente surtidor en el centro de un cielo
imparcial y benéfico!
Las apariencias son hermosas en esta su verdad momentánea.
el mar trepa la costa,
se afianza entre las peñas, araña deslumbrante;
la herida cárdena del monte resplandece;
un puñado de cabras es un rebaño de piedras;
el sol pone su huevo de oro y se derrama sobre el mar.
Todo es Dios.
¡Estatua rota,
columnas comidas por la luz,
ruinas vivas en un mundo de muertos en vida!

Texto Curatorial
-Jorge Villacorta Chávez, Lima, agosto de 2014.

Vértigo, por intensidad de la contemplación y por deslumbramiento doloroso de la consciencia. Vértigo de luz y placer, por lo real desparramado ante la mirada. Mundo desplegado, desencuadrado, presto a ser recogido y condensado por el ojo que está detrás del lente. Color negado en cada imagen, blanco y negro que concentra el estallido de lo real sobre una angustia nacida del encuentro físico con las cosas. Sobre el terreno poco acontece, solo de cuando en vez emerge un caballo, remonta vuelo un ave, revienta una ola, nace un rascacielo, se incendia un cielo, una casa se hace ruina. Una vida se derrumba, luego se eleva.

La situación está en la mirada y esta tiene un nombre. Gihan Tubbeh. Tiene norte, un norte magnético. No telúrico, atmosférico: una vivencia territorial modelada por su mente que experimenta el vértigo cuando queda expuesta a la belleza de lo que está a la intemperie peruana, a la furia urbana paulista. Ella va en pos de la certeza del vértigo de la vida que se expande como energía sin límite. Se yergue allí con la cámara en la mano y el cerebro fulminado por la luz ecuatorial, atravesado por ráfagas de pensamiento cortante y arrepentimientos, acribillado y arrullado –también-, por la soledad.

Esta visualidad se declara sin nombre. Nadie es dueño de nada, dice. Las imágenes son de aquel corazón que despierta entre tinieblas y balbucea una palabra primera.

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VERTIGO

Vertigo is inhaled upon excess. The explosion of reality arises upon an anguish born under the physical encounter with things. Little happens on the ground, only from time to time emerges a horse, a soaring bird, a busting wave overcomes, a building piles up, a sky catches fire, a house goes into ruin. A life collapses, thenceforth elevates. –Jorge Villacorta

Vertigo upon the very existence: to be born, to live, to die. Vertigo at the intensity, vertigo by contrasts. That timeless moment where the antipodes of an oxymoron meet. So beautiful to feel threatened? An overmuch of silence, that overwhelms? The concentration of emptiness, that overfills?

The desert welcomes and expulses; beauty empowers and frightens. Vertigo is intensified at the sight: the majesty of the waves, the sound of the wind, the sculptural forms of fire.

The territory is governed by an inanimate being; all is God. There is no time: everything is happening and every moment is stopped: breathless.